domingo, 2 de enero de 2011

Calendario Revolucionario o Republicano



El Calendario Revolucionario, o también llamado Republicano, entró en vigor en Francia el día 24 de Octubre de 1793, algo más de un año después de la proclamación de la I República Francesa.
Durante la revolución francesa, el pueblo quiso liberarse de sus opresores, y es en este ambiente precursor de la abolición de la monarquía y de la nobleza en el que empieza a cuestionarse el Calendario Gregoriano, utilizado hasta entonces. Los primeros ataques contra el calendario convencional ya se habían producido en 1785 y 1788. Existía cierta intención de independizar al calendario de sus implicaciones cristianas. Después de la toma de la Bastilla en Julio de 1789, las demandas para la reforma del calendario se hicieron más poderosas, y en un principio el nuevo calendario iba a empezar con el primer día de libertad (14 de Julio de 1789).
En 1793, la Convención Nacional nombró a Charles-Gilbert Romme como presidente del Comité de Instrucción Pública, al que se le encomendó la reforma del calendario. De las cuestiones técnicas se hicieron cargo los científicos matemáticos Joseph-Lois Lagrange y Gaspard Monge. Los nombres de los nuevos meses fueron propuestos por Phillipe Fabre d'Eglantine. Un equipo de científicos, poetas, pintores, etc estuvieron trabajando durante varios meses en la elaboración del nuevo calendario. El resultado del trabajo de este equipo fue enviado a la Convención Nacional en Septiembre de ese mismo año. Este trabajo fue aceptado completamente, y se estableció como ley el 5 de Octubre. Entró en vigor el 24 de Octubre.
El año quedaba dividido en 12 meses, de 30 días cada uno, y subdivididos en tres periodos de 10 días conocidos como décadas; el último día de cada década era de descanso. Se consideró oportuno dividir el tiempo en intervalos de diez días en vez de siete, ya que el diez es la base del sistema de numeración. Los cinco días que quedaban al final del año (aproximadamente del 17 al 21 de septiembre en el Calendario Gregoriano) eran considerados fiesta nacional, en los años bisiestos eran seis días en vez de cinco. El primer año bajo el nuevo sistema se conoció como An I (año I), el segundo como An II, y así sucesivamente.
Los días de la década recibían los siguientes nombres:
Prímidi
Dúodi
Tridi
Quártidi
Quíntidi
Séxtidi
Séptidi
Óctidi
Nónidi
Décadi
Con esto, los tradicionales días de la semana: Lunes, Martes, etc, quedaban en el olvido. Tiene una gran importancia cultural sobre la sociedad la desaparición de la tradicional semana de siete días (en el mundo judeo-cristiano e islámico).
En lugar de los santos asociados a cada día en el calendario cristiano, en el almanaque revolucionario aparecían asociados a cada día los nombres de diversos objetos bucólicos para la contemplación diaria. Estos consistían en diferentes cultivos, frutas y flores para los días laborables, para el décimo día se asociaba algún instrumento utilizado en la agricultura. Para el quinto día un animal, también relacionado con la agricultura.
También se decidió que el año debía comenzar cuando La Tierra pasa por algún punto importante de su órbita, no como en el Gregoriano y Juliano, calendarios en los que el año comienza en un punto bastante arbitrario (el uno de Enero, que en los últimos siglos, por pura casualidad, está próximo al paso de la Tierra por el perihelio). Se tomó la decisión de que el año en el Calendario Revolucionario debería comenzar con el equinoccio de otoño. Esta decisión es una muestra más de la importancia que durante la Revolución Francesa, se concedió a la Razón a la hora de organizar la sociedad humana. De esta manera, el calendario se podría ajustar mucho mejor a las actividades de la agricultura, también al curso académico, que debe comenzar después del descanso estival, etc. Casualmente la proclamación de la I República Francesa el 22 de Septiembre de 1792 (1 de Vendimiario del año1) coincide con el equinoccio de otoño de aquel año.
Los nombres de los meses, elegidos por Fabre d' Eglantine, pretendían estar en armonía con la naturaleza. Estos nombres hacían referencia a los cambios del tiempo propios de cada época del año, o evocaban poéticamente al año agrícola.
Se asignaron tres meses a cada estación (todos de idéntica duración: 30 días); los tres meses del otoño se llamaron: Vendimiario (mes de la vendimia), Brumario (mes de las nieblas) y Frimario (mes de los hielos); los meses del invierno, Nivoso (mes de las nieves), Pluvioso (mes de las lluvias) y Ventoso (mes del viento); los meses de la primavera, Germinal (mes del brote de las semillas), Floreal (mes de las flores) y Pradial (mes de los prados), y los meses de verano, Mesidor (mes de las cosechas), Termidor (mes del calor) y Fructidor (mes de los frutos).
Puede observarse que según la estación del año las terminaciones de los nombres de los meses cambian. Así tenemos que los meses del otoño terminan en -ario. Los meses del invierno en -oso, los de la primavera en -al y los del verano en -dor.
Al final del mes de Fructidor (final del verano) debían añadirse cinco días adicionales, o seis cuando el año era bisiesto. Estos días especiales, que eran festivos recibían los siguientes nombres:
Día de la Virtud.
Día del Saber.
Día del Trabajo.
Día de la Razón.
Día de la Gratitud.
Día de la Revolución (sólo en años bisiestos).
Cada cuatro años se producía un año bisiesto (con la excepción que posteriormente veremos), y por tanto existía el Día de la Revolución una vez cada cuatro años. Este periodo de tiempo se conoció como Franciada.
El añadir los cinco Días Especiales o seis (en bisiestos), al final del verano no se decidió de forma gratuita. Se hizo así porque de este modo se logra un mejor ajuste con la duración de las estaciones del año en el hemisferio Norte. La duración de las cuatro estaciones no es la misma, actualmente (en los últimos y próximos siglos no varia mucho) la duración de las estaciones es la siguiente:
Otoño: 89 días, 19 horas, 55 minutos.
Invierno: 89 días, 0 horas, 11 minutos.
Primavera: 92 días, 18 horas, 29 minutos.
Verano: 93 días, 15 horas, 12 minutos.
De acuerdo con lo anterior, la duración de la Primavera y el Verano es algo mayor que la del Otoño y el Invierno. Esta es la razón por la que se eligió el final del Verano para añadir los días adicionales.
Este calendario acaba con el problema inherente al Juliano y Gregoriano, de que cada año una fecha determinada cae en un día diferente de la semana. En el Calendario Revolucionario, una fecha dada siempre cae en el mismo día de la década (no existen semanas, o si se quiere, las semanas son de diez días). Por ejemplo, el autor de este documento nació el día 5 de Pradial de 172, y siempre celebrará su cumpleaños en el día Quíntidi de la década, independientemente del año que sea. Esto supone una gran ventaja, ya que el mismo calendario sirve para todos los años.
Por otra parte, con el Calendario Gregoriano actualmente vigente, el horario de ahorro de luz de verano conlleva el problema de que se ha de producir el cambio del horario de invierno al de verano y viceversa, siempre durante un fin de semana para no perjudicar a las actividades de las empresas, y esto significa que cada año será en un día diferente del mes. Si se utilizara el Calendario Revolucionario, el problema quedaría obviado. El horario de verano cambiaría siempre durante la noche del 30 de Ventoso al 1 de Germinal, y el de invierno durante la noche del 30 de Vendimiario al 1 de Brumario. Todos los años caerían los cambios de horario en el mismo día de la década.
Se puede acusar al Calendario Revolucionario de estar concebido directamente para el Hemisferio Norte, y se estará en lo cierto. De todas maneras, en el Hemisferio Sur también estaría igual de bien ajustado a las estaciones del año, sólo que cambiando Primavera por Otoño, y Verano por Invierno. Evidentemente los nombres de los meses están pensados para el Hemisferio Norte, y habría que asumir que en el Hemisferio Sur tendríamos calor en Nivoso y frío en Termidor. Actualmente también tenemos en dicho hemisferio calor en Enero y frío en Agosto.
Los años bisiestos seguían para su determinación, una regla diferente a la que utiliza el Calendario Gregoriano, y más perfecta. Cada cuatro años existía un bisiesto, excepto cada 128 años, ya que al durar el año juliano aproximadamente 11 m y 14 s más que el año trópico, acumula un error de un día cada 128 años. Así pues, en un intervalo de 128 años existían 31 bisiestos en vez de 32. De esta manera se logra una mayor aproximación a la duración del año trópico que la que se alcanza con el Calendario Gregoriano.
De esta forma se consigue que el periodo de corrección sea de sólo 128 años, en vez de los 400 del Gregoriano, y además obtener una mayor precisión.
Evidentemente, como el Calendario Revolucionario estuvo en vigor durante menos de 15 años, nunca llegó a ponerse en práctica completamente la norma de los años bisiestos.
También hay otra mejora con respecto al Gregoriano y Juliano, y es que en estos últimos, los años bisiestos eran el 4, 8, 12... porque se contaba cada periodo de 4 años empezando por 1, 2, 3 y 4. A diferencia de esto, en el Calendario Revolucionario los años en un periodo de 4 se cuentan así: 0, 1, 2 y 3. De manera que los años bisiestos son el 3, 7, 11,.. El año 123 también fue bisiesto, pero no el 127, mientras que el año 131 volvió a serlo. También será saltado el año 255, que no será bisiesto. (Todavía falta mucho para esto, ya que en el momento de escribir estas líneas estamos todavía en Vendimiario de 207). Todo esto en aplicación de la norma del periodo de corrección de 128 años. Además, el día extraordinario que se añade (Día de la Revolución) es el último día del periodo de 4 años. En cambio en el Gregoriano, el día extraordinario, que era el 29 de Febrero, está situado en un lugar completamente arbitrario. Todos estos detalles hacen al Calendario Revolucionario ser mucho más racional que los otros.
En cuanto a exactitud, teniendo en cuenta que la duración media del año trópico actualmente es de 365,24219 días medios, en el Calendario Revolucionario la duración media del año es de ((365*128)+31)/128=365,2421875. Mientras que en el Calendario Gregoriano es de ((365*400)+97)/400=365,2425. Para que se acumule un día de error en el Calendario Gregoriano deberían transcurrir 3226 años, mientras que en el Revolucionario: ¡nada menos que 400000 años!. Evidentemente lo anterior sería cierto del todo si la duración media del año trópico se mantuviese constante con el paso de los siglos, cosa que no ocurre en la realidad. Pero de todas maneras, la evolución que presentará en los próximos siglos, hará que el Calendario Revolucionario sea bastante más exacto que el Gregoriano.
Este calendario estaba dentro de las medidas encaminadas a la sustitución de los antiguos sistemas tradicionales de medición y peso, por el sistema métrico decimal, muy superior desde el punto de vista racional.
También puede considerarse hasta cierto punto un intento de descristianización de la sociedad, ya que los Calendarios Juliano y Gregoriano utilizados hasta entonces, tienen importantes implicaciones cristianas. El concepto de semana de siete días está fuertemente arraigado en las tres grandes religiones monoteístas, y su sustitución por la mucho más racional década de diez días, pretende disminuir la influencia sobre la sociedad de la tradición cultural de tales religiones, especialmente la cristiana. No debe olvidarse que en la Francia Revolucionaria fue abolido el cristianismo, e instaurado el culto a la Razón. Utilizando un nuevo calendario totalmente basado en la Razón, y abandonando el calendario cristiano anterior, muchos revolucionarios confiaban en que algo que tan importante influencia tiene en la sociedad en su vida diaria, como es el calendario, ayudaría al hombre a olvidar la influencia del cristianismo, que no consideraban demasiado positiva. La posición de la Iglesia de aquel entonces, favorable al mantenimiento del antiguo régimen, no parecía tener unos ideales demasiado coincidentes con los de la Revolución: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Durante los años que estuvo en vigor, este calendario funcionó de una forma muy satisfactoria en Francia, al menos internamente. Los mayores problemas eran ocasionados por las comunicaciones con el mundo exterior donde imperaba el calendario Gregoriano.
El Calendario Revolucionario fue abolido en agosto de 1805 por Napoleón.
Varias décadas después, en 1871 fue brevemente reinstaurado por la Comuna de París, durante varios meses.

VENTAJAS ACERCA DEL CALENDARIO REVOLUCIONARIO:

No son pocas las ventajas del Calendario Revolucionario frente al Gregoriano actualmente en vigor. A continuación se enumeran las más importantes:
El mismo calendario sirve para todos los años.
Todos los meses tienen la misma duración.
Mayor precisión frente a la duración real del año trópico. Menor intervalo de corrección.
Mejor ajuste frente a las estaciones del año.
Mayor facilidad para establecer el horario de ahorro de luz de verano.
Existen el año cero y el siglo cero.
Mayor racionalidad y menor arbitrariedad. 


Información obtenida en rgle.org.uk

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